empezaría en la madrugada. los santiaguinos despertarían con la lluvia golpeando sus ventanas y despotricarían por las calles inundadas camino al trabajo. yo viajé con una parka, sabiendo que al bajarme del bus tendría que correr a un taxi bajo el agua.
llegué al departamento de gabriel cuando aún no amanecía y me dio lata ordenar. aún queda mucho para las 10, pensé. alcanzo a dormir antes de que venga el gásfiter. me acosté bajo dos frazadas y puse el despertador a las 09:45 am. seguro la lluvia me despierta antes.
desperté sobresaltada con la alarma, me lavé los dientes y le abrí la puerta al gásfiter. revisó todo y se fue en menos de 10 minutos. lavé ropa, pensando que si la secadora no funcionaba bien, quizás alcanzaría a terminar de secar la ropa al aire libre, antes de que lloviera.
no fue necesario.
elegí una chaqueta de cuero para almorzar con la feña y el sergio, total, obvio que cuando empezara la lluvia podría comprar un paraguas en la calle y además no hacía tanto frío (porque iba a llover).
almorzamos. fuimos por un café, nos reímos de la lluvia que no fue.
no va a llover, decía la feña. ya no llovió, siempre dicen lo mismo. sergio estuvo de acuerdo, tan de acuerdo que andaba con un abrigo de esos que no sobreviven ni a un accidente con un vaso. yo tenía mis reservas, así que antes de cenar con martín, corrí al departamento a abrigarme y buscar mi parka. si tenía mucha suerte, sólo tendría que caminar un par de cuadras bajo la lluvia al regresar.
me encontré en el restaurant con mi hermano. me disculpé por llegar tarde, tuve que ir a buscar la parka, le expliqué. él me dijo que no creía que fuera a llover, ya no había llovido. comimos mucho y tomamos vino, nos quejamos de nuestros padres y paseamos por el barrio después de comer para bajar la comida. cada cierto tiempo, yo miraba el cielo esperando que me cayera una gota en la cara.
regresé al departamento con el corazón lleno y la ropa absolutamente seca.
fue un buen día, de esos que se atesoran en la memoria con tanta nitidez que hasta merecen ser bautizados.
algo así como las recetas de cocina que salen extraordinariamente bien y ameritan un espacio propio en el recuerdo. un nombre.
el día que no llovió.
sugiero incorporar mi teoría de que el smog quema la lluvia antes que atraviese las nubes (soy la feña)
ResponderEliminarlo reservaré para mi tratado sobre la mente de ferfloco <3
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