25 ago 2021

me demoré exactamente 2 horas y 17 minutos en salir de la cama, tiempo durante el cual miré el techo y mi celular alternativamente. no me duché. la semana pasada logré llegar al jueves duchándome todos los días, hoy es miércoles. las náuseas lograron lo que el trabajo pendiente no pudo y me paré para hacerme un desayuno que probablemente habría fotografiado en otro día (pequeñas victorias). comí lo suficiente para no vomitar la pastilla y me la tomé con un poco de café. me senté en el sillón con el computador para trabajar, pero como todos los días, revisar mi correo me dejó exhausta. cerré el computador y me tendí para descansar un poco. desperté a las 2 de la tarde con náuseas otra vez. mi nuevo reloj biológico, determinado por la pastilla que se supone me hará recuperar el apetito. comer calmó las ganas de vomitar y tuve energía suficiente para hacer la cama. quizás fue un error, porque ahora estoy de nuevo echada con los brazos y piernas tan pesados que levantarme parece una hazaña imposible (no digamos, meterme a la ducha). me escribe mi mamá preocupada, me pregunta si estoy triste y en realidad no sé cómo explicarle que no tengo pena. siempre pensé que la depresión era una tristeza profunda, una especie de pena kármica que inspira poetas y pintores. la verdad es decepcionante y aburrida. no hay pena, sólo hastío y cansancio. un desgano tan profundo que sólo pensar en mover los músculos de mi cara me agota. tengo que guardar fuerzas para mañana cuando tenga que lavarme el pelo, ponerme ropa decente, volver a manejar, hablar con gente en voz alta y básicamente sobrevivir todo el día sin vomitar ni echarme a dormir. in duloxetina we trust.

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un extraño