27 nov 2014

cenicero

con frecuencia me encuentro repasando apocalípticas escenas imaginarias. no me doy ni cuenta cuando las ideo, las desarrollo y las revivo con leves mejoras. casi siempre me las imagino en un auto, encuentro que es un lugar muy apropiado para decir cosas feas o dar noticias fatales (probablemente porque he visto mucha tele). supongo que siempre se empieza por algo estúpido, una frase mal formulada o un ademán inconscientemente brusco. después de los remolinos, los escupos, la ponzoña, el fuego y el humo; el momento es apto para tomar aire y anunciar el fin del mundo. no tiene que ser en términos sacramentales, ni siquiera tiene que tener algún significado compartido. basta que uno de los dos conozca la verdad y el fin del mundo empieza a comerse todo, desde el rímel y las pestañas, hasta la carne adherida a los huesos.

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un extraño