26 may 2014

víspera

El equilibrio perfecto del otoño es lo más bacán del año. En la noche hace tanto frío que se me adormecen las manos y se me hiela la nariz, y el solcito de media tarde parece tan lejano como un mercado en el medio oriente. Durante el día, el viento fresco no alcanza a calarme los huesos y es súper compatible con el sol que aún domina el cielo, ese mismo sol que después de almuerzo me reconforta la espalda y hace más hogareño cualquier asiento. Pero se acerca el invierno y de a poco el sol se va corriendo hacia los márgenes (de la ventana, del cielo y de la rutina). Junio traerá frío inclemente y la lluvia más devastadora, incluso para quienes amamos la lluvia y el frío. El calor de la tarde desaparecerá, y la luz que acompañe las lecturas banales después de almuerzo (revistas, diarios, subtítulos en la tele) será ahora la luz de la estufa. Y ahí sí que habrá que dar cara.

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un extraño