28 may 2013

epístole II

Mamá:
 
Antes que todo, no quiero ir al dermatólogo, no me pidas hora. No tengo alergia, lo que pasa es que la boca se me pone roja y amorfa cuando lloro mucho, pero no quiero preocuparte. Te evito porque sé que me vas a hacer preguntas incómodas que no quiero responder. Antes me incomodaban porque no sabía muy bien qué responder, ahora me incomodan porque la respuesta me da pena. No quiero decir todo esto en voz alta, así que lo pongo en papel. No quiero ir al colegio mañana, te escribo esta carta para que sopeses mis razones y me dejes faltar. Tengo que entregar un trabajo que no hice y saludar a gente que no quiero. Quiero quedarme en la casa a tomar desayuno en cama y ver al Felipe en el matinal. Quiero volver a dormir hasta que sea hora de almorzar, y volver a ver tele después. Tengo pena, mamá. Sé que me vas a decir que soy muy chica para estas cosas, pero yo creo que te haces la hueona y me dices eso para no decirme que no puedes hacer nada para sacarme la pena. La verdad es que sí puedes. Puedes dejarme faltar mañana al colegio y dormir siesta conmigo. No prometo no llorar más, pero al menos se me va a relajar un poco el nudo que tengo en la guata y quizás me olvide un poco de la cara que no quiero ver. Yapo, mamá, ¿qué te cuesta? Cuando entre a la universidad ya no voy a poder faltar cuando quiera, ni voy a poder dejar trabajos sin hacer, ni hacerme la loca con la gente que no quiero saludar. Cuando esté en la U será tiempo de enfrentar todas las caras que me dan pena, pero todavía soy chica y de verdad no quiero verlo mañana. Porfa, mamá, te prometo que me voy a portar bien y que no voy a llorar más en la mesa, te quiero.

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un extraño