31 may 2021

no sé dónde guardar las penas innombrables. no acostumbro a pensarlas, casi todos los días siento que son un cuco imaginario reservado para otras personas. pero hoy llueve a cántaros, llovió todo el día. pasé la mañana afuera, con esas gotitas mariconas e invisibles metiéndose debajo de la ropa y de los párpados. en la tarde dormí al lado de una estufa, tuve esa nostalgia vaga que no sé dónde ubicar. ahora me tomo un vino y releo ese mensaje una y otra vez. me da pena. no vergüenza. no culpa. no resentimiento. y sin embargo, no puedo hablar de eso, no puedo mostrarle el mensaje a nadie. nadie entendería, nadie más lloró todo lo que lloramos y nadie vio el abrazo que nos dimos al despedirnos hace tantos años. ese día también llovió todo el día (en la calle, en la ropa y en los párpados). el día en que cambié el modo epistolar por la tercera persona. el día en que olvidamos nuestros nombres y despedimos esa pena para siempre. esta pena no es la misma, es un eco de lo que dolía. una cicatriz visible sólo bajo cierta luz. palabras que sólo pueden pronunciarse bajo esta lluvia y que pierden su forma en los demás días. no sé dónde guardarlas, así que las dejo aquí.

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un extraño