6 abr 2016

todos se van

últimamente me he dedicado a rellenar mentalmente los espacios vacíos de mi casa. no es ningún afán poético, ni metáfora de nada, es literal. imagino a mi hermana viendo tele en su cama. casi puedo escucharla pidiendo té a gritos y ver la luz rojiza de su lámpara adolescente. también me imagino a mi mamá sentada a mi lado en el sillón verde. escucho su risa indisimulable y parece que huelo su perfume, siempre dulce y pesado, maderoso. veo a mi hermano dando paseos circulares por el living, siempre dispuesto a reírse de las tallas de siempre. recuerdo a mi papá durmiendo siesta en el sillón al lado de la ventana, sentado en una posición incompatible con la comodidad (salvo para él), ajeno a todos los movimientos de su alrededor. igual encuentro cuático que son puros espacios individuales. como que no nos imagino a todos sentados en la mesa, o riéndonos en el living o qué se yo, rodando por el jardín como heidi o algo así. como que esta casa no es un hogar per sé (y no me refiero a la cursilería de que ninguna casa lo es, si no que la familia que la habita). yo creo que ni siquiera mi familia es un hogar en sí misma, sino que cada uno es una especie de refugio unipersonal para mí. todos por separado funcionan mejor, lo pasan bien y se ríen más. todos menos yo, que no estoy hecha para la soledad y caí justo en medio de un nido de seres solitarios y (ahora) solos. supongo que en algún momento se manifestará ese gen culiao que a veces odio tanto y voy a pasar días sin hablar con nadie sin realmente resentirlo, pero mientras tanto no queda otra que estas estúpidas reflexiones y el té (porque desde que se fue mi mamá ni cerveza hay en esta casa culiá).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

un extraño