estoy perdiendo lo último que me quedaba de racionalidad. a ratos, la catástrofe es inminente. en otros momentos, sólo una posiblidad improbable. con el correr de los días, los ratos eran los menos y los otros momentos los más. de hecho, diría que todo iba sorprendentemente bien hasta eso. el problema es ese suceso. siempre hay una hueá insignificante que cambia el curso de todo, un hecho aislado y apenas relacionado con el quid del asunto. una canción, una foto, un dolor de estómago, una estupidez que lo pudre todo. y ahora me muero de miedo, maldito/bendito miedo. debería estar agradecida del miedo, es la señal más evidente de que algo me conmueve. y, puta la hueá, no sé. y no sé si quiero saber.
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un extraño