Durante muchos años, fui a la playa todos los fines de semana y hacía las cosas que la gente hace en las películas cuando va a la playa. Tomaba café, caminaba por la orilla, fumaba y casi escribí el best-seller de mi vida. Digo casi porque en realidad nunca lo terminé. Escribía siempre sobre amores, y cuando cambiaba de parecer (y de titular), lo archivaba como un capítulo antes del final. ¿Cómo cerrar un libro sin una historia de amor inconclusa? Quizás podría haberlo hecho, pero el libro fue escrito en la playa, con sabor a café y cigarros y arena en los pies. Sólo le faltaba el pedacito de mi alma, el final perfecto (y todos saben que los finales perfectos son los que tienen poco de final, porque son el principio de algo mejor). La cuestión es que pasaron las semanas y yo seguía paseando por ahí, esperando el epílogo perfecto, hasta que un día se me volaron todas las hojas y se me olvidaron los nombres y las cosas. No, en realidad no pasó eso. Lo que pasó es que ya no quise esperar más y boté todo a la basura... No, tampoco. Lo que realmente pasó es que me robaron el borrador, ¿o no?. Parece que no. Ah! ya me acordé. Decidí que no lo quería terminar todavía, al menos, hasta que encontrara a alguien que me hiciera perder la memoria.
Me gusta tu capacidad de crear historias que, vaya a saber uno si ocurrieron o no.
ResponderEliminar