primero me enojé y me hirvió la sangre. después la sangre me subió a la cabeza y me puse roja. me puse roja y de repente ya no me hervía la sangre ni estaba enojada. y la presión en mi cabeza no se debía a mi sonrojo, porque ya no estaba roja. como siempre, la presión en mi cabeza empezó a disminuir, de la única forma en que puede disminuir. y mientras tragaba el nudo asqueroso que tenía en la garganta, me dio pena. una pena de mierda que no puedo mostrarte. así que seguí escribiendo. escribí y escribí, y te fuiste y sigo escribiendo. parece que ya pasó. (suspiro de alivio).
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un extraño