11 mar 2011

ficción.

pensé tanto en enviarte las hojas que guardé, las páginas que te dibujé con tinta azul... estaban todas guardadas en mi mueble verde, el que está al lado de la silla mecedora en mi pieza. te escribía por las noches, cuando nos separábamos para dormir y soñarnos, o soñar. me encantaba escribir en silencio, mientras (a lo lejos) mis abuelos se reían en la sala de estar. las cortinas azules me recordaban a ti, siempre eras azul y siempre olías bien. escribiendo y dibujando, guardé mil y una cartas, una por cada noche que me faltabas. escribí tanto que terminé definiéndote de nuevo, te ausentaste tanto que no me quedó más que inventarte en mi mente. y ya no sé si alguna vez exististe, o siempre fuiste un regalo de mi imaginación. lo cierto es que no tengo un mueble verde, ni una silla mecedora en mi pieza y mis abuelos están muertos. y aunque no tengo sala de estar y mis cortinas son rosadas, de verdad pensé en enviarte esas hojas.

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un extraño