todos llegamos a hacer la filita frente a la puerta. algunos en pareja, otros solos, varios grupitos. conversábamos, nos reíamos y muchos no sabíamos muy bien qué esperar. ella salió y nos dijo "no pueden entrar todavía" y nos vendó los ojos con unas telas súper suavecitas. desde ese momento, el mundo se hizo oscuro y todo sonaba mucho más fuerte. nos guió a través de la puerta, nos hizo tocar algo extraño y meter la mano en un cuenco lleno de cositas agradables para los dedos. nos dio una cucharada de gelatina insípida para comer y nos llevó a nuestro lugar. nos sentamos y empezó la música. y junto a la música, la amante nos envolvió en sus ires y venires. a veces dulce, a veces ingenua, a veces furiosa y terrible. a veces sarcástica, a veces vulnerable, a veces grotesca, casi siempre erótica, siempre amante. nos acunó, nos desgarró y nos hizo olvidar. nos conmovió con sus nostalgia y su delicadeza, para luego herirnos con su macabra crudeza. cuando todo terminó, nuestros ojos seguían vendados y escuchamos cómo las puertas se cerraban. desorientados y expectantes, esperamos. y esperamos. nada (amante, no te vayas, no nos dejes así en el aire).- de a poco nos sacamos las vendas, para descubrir que estábamos solos. la amante se había ido. todavía envueltos en esa sensación de irrealidad que inundaba la sala, salimos tímidos y temblorosos de la 302. ahí estaba ella, en el balcón del frente, aplaudiéndonos y recibiendo nuestros aplausos, ella sonriente y nosotros maravillados. todo había sido una ilusión. creo. no lo sé.
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un extraño